El Museo Etnográfico de Talavera se adentra en la cocina española del barroco
El concejal de Cultura y presidente del Organismo Autónomo Local de Cultura, Enrique Etayo, ha destacado el total éxito del Museo Etnográfico de Talavera de la Reina con la celebración de ‘Patrimonio Culinario en la época de Juan de Mariana: Muestra de Cocina Barroca’, una actividad enmarcada dentro de los actos en conmemoración del IV Centenario del fallecimiento del Padre Juan de Mariana.
Durante esta muestra de cocina barroca, los asistentes han podido degustar algunos platos típicos de la época de Padre Juan Mariana como: atascaburras, duelos y quebrantos, carcamusas toledanas, gachas manchegas, cochinillo, cordero, ternera, torreznos caseros de soria, o croquetas caseras de la abuela de ropa vieja.
Etayo ha subrayado que uno los objetivos de esta “novedosa” actividad “era dar a conocer a los asistentes como comían las clases más humildes en la época barroca”. Se trata también de “describir y poner en valor nuestro patrimonio gastronómico”.
Del Medievo se mantuvo el gusto por los sabores abigarrados con la mezcla de salados, dulces, agrios y ácidos.
La trilogía formada por la carne, el pan y el vino continuó siendo la cúspide de la escala alimenticia, pero lo que va a caracterizar la cocina barroca es el uso de los alimentos modernos descubiertos en América, que se instalarán en nuestras cocinas en la época de Mariana, como: el chocolate, la patata, el tomate, la vainilla, pimientos, pavos…
Para los platos más populares se optaba por la carne, sobre todo vaca, cordero y en menor medida el cerdo, aunque de éste se consumía mucho el tocino, el chorizo o la morcilla.
También gustaban de la volatería los huevos, las verduras, los caldos, las alcachofas, las habas con jaretes de tocino o la berenjena.
Algunos de los platos más populares fueron: la olla podrida, el salpicón de vaca, duelos y quebrantos, lentejas, sopa boba o gallofa, todo tipo de casquería… y para el postre se optaba por las frutas de temporada, tales como uvas, higos, melones, granadas, quesos, aceitunas y dulces.
El universo literario y pictórico del Siglo de Oro dio numerosos testimonios culinarios de los manjares que se degustaban y nos brindan escenas que son un fiel reflejo de la época, en la que sólo unos pocos privilegiados tenían la suerte de comer más de una vez al día y disfrutar de cierta variedad gastronómica.




